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Según Homero, durante la etapa de la guerra de Troya los helenos constituían un grupo relativamente pequeño, pero vigoroso. Entre sus principales asentamientos podían estar Alo, Alope, Traquina y Argos.[7] Se han propuesto varias etimologías para la palabra "helenos", pero ninguna ha sido ampliamente aceptada. Entre ellas se incluyen "sal" (rezar), "ell" (montañoso) y "sel" (iluminar). Un estudio más reciente sigue la pista de una ciudad denominada "Hellas", próxima al río Esperqueo, que todavía se conoce por ese nombre.[8] No obstante, existe certeza acerca de que la raza helénica está relacionada con los "selloi" (Σελλοί), los sacerdotes del Oráculo de Dódona en el Epiro. Homero describe a Aquiles rezando al Zeus de Dódona como al dios ancestral: "Rey Zeus, señor de Dódona, dios de los pelasgos, que vives en la lejanía y reinas en Dódona, de frío invierno, donde habitan tus profetas los selloi, con los pies sin lavar y que han de dormir en el suelo".[9]

Ptolomeo denomina al Epiro como "Hélade primordial"[10] y Aristóteles recoge que un antiguo diluvio fue más severo "en la antigua Hélade, entre Dódona y el río Aqueloo (...). Aquí habitaban los selloi y aquellos que antiguamente se denominaban graeci y ahora helenos".[11] En consecuencia, la hipótesis de que los helenos fuesen una tribu del Epiro que más tarde emigró al sur hacia Ftía, en Tesalia, parece ser válida. La propagación del culto a Zeus desarrollado en Dódona (era una tendencia entre los griegos el formar comunidades y anfictionías cada vez mayores) y la creciente popularidad del culto de Delfos provocaron que el nombre se extendiese al resto de la península, que más tarde cruzase el mar Egeo hacia el Asia Menor y que por último llegase en el oeste a Sicilia y al sur de Italia, región que se conocía como Magna Grecia.

La primera aparición de la palabra helenos usando el sentido amplio del término se produce, según el geógrafo Pausanias, en una inscripción realizada por Ejembroto que fue dedicada a Heracles por su victoria en los Juegos Píticos, en el tercer año de la 48ª Olimpiada (584 a. C.).[12] Al parecer, este significado comenzó a emplearse en el siglo VIII a. C. dentro de los Juegos Olímpicos y su uso se consolidó alrededor del siglo V a. C. Después de las Guerras Médicas apareció una inscripción en Delfos celebrando la victoria sobre los persas y alabando a Pausanias como el general al mando de los helenos.[13] La conciencia de una unidad entre todos los helenos fue promovida por los festivales religiosos, en particular por los misterios eleusinos, en los cuales todos los participantes debían hablar griego; también fue impulsada de manera importante en los cuartos Juegos Panhelénicos (dentro de ellos se incluían los Juegos Olímpicos), en los cuales los concursantes eran admitidos en función de la tribu a la que pertenecían. No se permitía el concurso ni de mujeres ni de hombres que no fuesen griegos. Con posterioridad se producirían algunas excepciones a esta última regla, como la impulsada por el emperador Nerón, hecho que fue un símbolo de la hegemonía romana.

Bastante tiempo después de que se produjesen las migraciones históricas de los cuatro grupos tribales que los griegos reconocían, se comenzaron a desarrollar genealogías mitológicas para los mismos, según las cuales cada uno de estos grupos descendía de un fundador, cuyo nombre habría servido de epónimo para el de su pueblo. Esta clasificación tuvo su influencia en el modo en que cada uno de estos pueblos norteños era percibido. De acuerdo con la principal leyenda, Helén (o Heleno), hijo de Deucalión y de Pirra, recibió de la ninfa Orseis tres hijos: Doro, Juto y Eolo. Doro y Eolo dieron su nombre a dos de las tribus: los dorios y los eolios. Juto tuvo dos hijos, Aqueo e Ión, que dieron nombre a los aqueos y a los jonios, respectivamente.


Helenos y bárbaros [editar]

En los siglos siguientes, "heleno" adoptó un significado más amplio, pasando a referirse a los pueblos civilizados, en contraposición con el término bárbaro, que aludía a los incivilizados.

Las tribus griegas se dieron cuenta rápidamente de que no hablaban la misma lengua que sus vecinos, por lo que tomaron la palabra "βάρβαρος" ("bárbaro") para ellos, con el significado de "hablante de una lengua extranjera". Se cree que el origen del término es onomatopéyico: "bar-bar" imitaría un tartamudeo, que es como a los hablantes de griego les sonaría el idioma de los extranjeros.[18] Este fenómeno también se produjo en la civilización egipcia, quienes, según Heródoto, "llamaban bárbaros a todos aquellos que hablasen una lengua diferente".[19] En años posteriores, también lo harían los eslavos, quienes les dieron a los germánicos el nombre "nemec", que significa "mudo", mientras que ellos se autodenominaban "slověnski" o "pueblo del mundo".

En su comedia Las Aves, Aristófanes llama "bárbaro" a un supervisor analfabeto que, sin embargo, enseña a hablar a las aves. Esto se debe a que el término comenzó a tomar un sentido peyorativo y pasó a ser empleado para aludir al modo de vida de los extranjeros, hasta acabar siendo sinónimo de "inculto" o "incivilizado". Por tanto, "un hombre analfabeto también es un bárbaro".[20] De acuerdo con Dionisio de Halicarnaso, un heleno se diferenciaba de un bárbaro en cuatro aspectos: el lenguaje refinado, la educación, la religión y el imperio de la ley.[21] Por su parte, Pablo de Tarso consideró su obligación predicar el Evangelio a todos los hombres: "helenos y bárbaros, tanto sabios como ignorantes".[22]

La distinción entre helenos y bárbaros perduró hasta el siglo IV a. C. Eurípides pensaba que era plausible que los helenos gobernasen a los bárbaros, ya que los primeros estaban predestinados a la libertad y los segundos a la esclavitud.[23] Aristóteles llegó a la conclusión de que "la naturaleza de un bárbaro y la de un esclavo es la misma".[24] Las distinciones raciales se atenuaron por medio de las enseñanzas de los estoicos. Éstos distinguían entre naturaleza y convención y sostenían que todos los hombres eran iguales ante Dios, por lo que, por naturaleza, un hombre no podía darle un trato desigual a otro.

Con el paso del tiempo, ser heleno pasó a considerarse, en palabras de Isócrates, un rasgo intelectual y no racial. Las conquistas de Alejandro Magno consolidaron la influencia griega en el Este, exportando la cultura griega a Asia y transformando permanentemente la cultura y la sociedad en la región. Isócrates declaró en su discurso Panegírico: "Atenas ha dejado tan atrás al resto de la humanidad en cuanto a pensamiento y expresión que sus alumnos se han convertido en los maestros del mundo, y ella ha hecho que el nombre de la Hélade ya no sea distintivo de raza, sino de intelecto, y que el título de heleno sea una insignia de educación en lugar de origen".[25] Con pequeñas reformas, la civilización helenística supone la evolución de la de la Grecia Clásica a una civilización con dimensiones globales, abierta a todo el mundo. De modo similar, el término heleno evolucionó de ser un nombre nacional que aludía a la et


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